Respetar los tiempos.

Hace mucho que no escribimos ningún artículo, pero determinadas situaciones, conversaciones y observaciones nos han llevado a sentarnos delante del ordenador y ponernos escribir sobre este tema. Para ello comenzaremos lanzándoos la siguiente pregunta, ¿respetar los tiempos al iniciar una relación con un niño/a al que no conoces es ser poco cariñoso?

Y cuando lanzo esta pregunta me vienen a la cabeza aquellas tardes, de hace unos años, en las que compartía largas conversaciones con mi compañera del curso al que estaba asistiendo . Me encantaba escucharla hablar de diversos temas, casi todos relacionados con la crianza y la educación, pues su larga experiencia en centros educativos alternativos  y como madre, conseguían despertar en mí un gran interés en cada palabra que salía de su boca. Un día surgió este tema y ella me comentaba cómo a lo largo de sus años, se había encontrado con personas que no entendían su manera de interactuar con los niños/as, a veces calificándola de fría o poco cariñosa. No me podía creer que alguien pudiera pensar que la misma persona que yo tenía delante, siempre con una sonrisa y un gesto de amabilidad y dulzura, pudiera ser una persona fría con los niños.

Cuando paseo por la calle o me siento en un banco esperando, quizá a alguna amiga que llega tarde, observo (por cierto, cuánto bien haríamos si observáramos más y actuáramos menos) y veo distintas interacciones entre adultos y niñ@s. Casi todas son iguales, adultos que conocen a niños/as por primera vez, o que no tienen apenas relación (aparentemente) con los niños  con los que se encuentran y dicen de manera imperativa “¡Dame un beso!” y sin que apenas les dé tiempo a responder, estas pequeñas personitas ya tienen unos labios grandes plantados en sus caras, ¿es eso ser cariñoso?

Seguro que a muchos de esos niñ@s les resulta divertido o se sienten a gusto con estas situaciones, o quizá ya se han acabado de acostumbrar a ellas. Pero hoy queremos mostrar otro punto de vista, ni mejor ni peor, sino diferente.

Much@s de los que nos conocéis sabéis que cuando estamos en período de adaptación nuestra actitud es de mostrarnos cercanas y estar disponibles a la interacción con los niños y niñas que acaban de empezar en nuestro cole. Esto quiere decir que; nos pondremos a la altura de ellos, buscaremos su mirada y observaremos, algo que nos gusta hacer mucho. El tiempo lo van marcando ell@s y, según su reacción, su gesto, su mirada, su expresión corporal, actuaremos nosotras. Quizá el siguiente paso sea una sonrisa nuestra, un guiño, un “te lanzo una pelota despacito a ver si te apetece jugar”, o quizá nos sigamos manteniendo a una distancia prudencial porque parece que aún no te apetece que nos conozcamos un poco más. A veces nos equivocamos y…¡upss! Lo siento, parece que he ido muy rápido, me vuelvo a alejar otro poquito y espero.

Hay niños que necesitan una mayor iniciativa por parte del adulto, otros se sienten invadidos con gran facilidad, incluso algunos prefieren conocer antes a sus compañer@s que a nosotras.

A veces un niño se queda enganchado al bajar de su triciclo preferido y nosotras nos acercamos a  él y observamos (qué curioso, lo volvemos a hacer 😉 )si necesita ayuda o no, y según la edad directamente le preguntamos ¿quieres que te ayude? Otra cosa que siento que no se suele hacer muy a menudo, es preguntar. Los niños/as son muy capaces de hacer muchas cosas, y nosotras lo sabemos, ¿por qué adelantarnos y darle nuestra ayuda sin antes preguntarles? Incluso cuando se enfadan o se disgustan, muchas veces es más sensato preguntarles si necesitan un abrazo nuestro y, ¡qué curioso!, nos hemos encontrado con que en ocasiones, no quieren un abrazo del adulto, les basta con nuestra presencia.

También nos gusta que los pequeños currusquinos poco a poco se sientan seguros pidiendo las cosas que quieren o necesitan, sin necesidad de que el adulto se vuele a adelantar a sus peticiones.  Cuántas discusiones absurdas nos habríamos ahorrado de mayores si normalizáramos que, cuando necesitamos ayuda o queremos algo de alguien, lo expresemos, sin esperara a que sea la otra persona quien adivine cuáles son nuestras necesidades.

Y para los que ahora mismo podéis estar pensándolo, ¡claro que en muchas ocasiones la relación la iniciamos nosotras! A veces incluso les “comemos” las barrigas sin pedirles permiso, los cogemos en cuello y los achuchamos…pero esto, se produce cuando hay confianza y se ha establecido un vínculo.

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